Según algunas teorías socio-económicas, cuando una sociedad tiene sus necesidades básicas cubiertas, suele producirse un fenómeno denominado

EMULACIÓN

Básicamente,  viene a decir que desde el momento  que:

A-  ya no tienes que correr detrás de la comida,

B-  te cubren cuatro paredes dignas,

C-  ya no hay peligro de que una horda vikinga venga a decapitarte…

…la tendencia es a imitar, cuando no a alcanzar, todo lo superfluo que tienen o hacen aquellos que están muy por arriba en el escalafón social y económico pero sin sus “posibles”.

Todos lo practicamos en mayor o menor medida y yo  he acabado por denominarlo “El síndrome de la Cenicienta”.

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Lo de EMULAR me pasa a mí también, aunque no muy a menudo porque eso indicaría que tengo una intensa vida social y no es así, haciendome vivir en una dicotomía entre lo que podría ser y lo que soy.

Me he visto más de una vez peinada de peluquería, con una manicura fantástica y ese traje perfecto que me he comprado para la boda de mi prima colgado de la puerta del baño.

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Y ahí llega el primer chaparrón de realidad, está colgado DE LA PUERTA DEL BAÑO, no del vestidor de 40 metros cuadrados que una verdadera poseedora de modelazos debería tener. De esto me percato mientras friego los platos de la cena, apresurada, que le he dado a mis hijas antes de acudir al evento porque, y segundo chaparrón, el servicio Downton Abbey sólo existe allí, en el fantástico mundo de Lady Cora.

Y mientras me intento pintar la pestaña y embutirme en la braga-faja, porque TAMPOCO tengo entrenador personal ni nutricionista que me mantenga las carnes prietas y controle todo este desparrame no apto para ningún sujetador de esta dimensión, voy gritando a mis herederas que o se ponen los pijamas ya o las tengo desnudas una semana. Todo muy poético y glamouroso.4DAD89F4-4DFF-45F3-9F8B-FECF28A068B1-869-000000EE2D097B23

Porque es verdadera poesía intentar hacerte un contouring mientras en tu cabeza revolotean cosas como “salchicha”, “niño”, “pipí”, “deja a tu hermana en paz”… que además, el contouring te lo haces TÚ, porque a JLo se lo hará el dueño de Max Factor, pero tu Cenicienta interior es de lo más apañada e igual te maquilla con una mano que limpia mocos con la otra.

Al final me veo en el taxi camino del Casino en modo lady total y nunca puedo dejar de pensar:

“Soy como la Cenicienta, hasta que no he limpiado la chimenea, recogido los cinco kilos de lentejas del suelo e ido a buscar una calabaza al huerto para hacer la carroza no has podido “emular”.

De hecho, no hace falta que el evento sea especialmente sofisticado, cualquier cosa que implique algo más que lavarse la cara y salir cubierta a la calle para que no te detengan por exhibicionismo, conlleva un despliegue que solamente Cenicienta asume y logra con graves dificultades, así que…

…en definitiva

lo fácil es ser Kardashian,

lo difícil es ser NOSOTRAS.

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Vitriólica Maggie.