Claramente, acumulo sujetadores por encima de mis posibilidades.

No hace mucho arreglaba el cajón de mi ropa interior y descubrí, no exagero, más de una docena de sujetadores, todos prácticamente iguales en modelo y talla y en cuanto a color. Después del pasmo inicial  (¿cuándo empecé esta compulsión?), y recordé que hubo un tiempo en el que tiraba con dos sujetadores durante años, el negro de salir “mona” y el blanco de todos los días, sin importar el color de las bragas… y además comprados casi siempre en mercadillos.

Inclusive en ocasiones, y porque durante  la juventud se desafían constantemente las leyes de la física, iba directamente sin él.

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Así que mirando mi cajón me pregunté, ¿Qué ha pasado?

Respuesta: 10 años, varios kilos, dos niñas y la gravedad.

He entrado en esa edad en la que el “mostrador” tiende a unificarse en una sola e inmensa teta que no hay copa qué recoja. Y ahí empieza  el Diogenismo lencero.

Pruebas nuevas tallas, modelos y marcas. Te gastas un Potosí en tiendas por  las que antes pasabas de largo, lo utilizas una temporada y al final, vence el desparrame y el “sujeta-dos” queda desterrado al cajón, esperando que el descuelge se arregle por sí solo, pero no…….

Así que aquí estoy, contemplando la inversión inútil qué lo único que hace es ocupar sitio. Ya que, estos sujetadores diseñados a prueba de hecatombre nuclear o tipo cinturón de castidad, lo de restaurar, restauran mas bien poco.

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Y porque todo lo relacionado con la cirugía me horroriza, no contemplo la posibilidad de pasar por el quirófano

Además visualizo el resultado y sería algo así como colocar dos tersos pomelos sobre una tortilla de patatas, porque aquí se cae y se arruga TODO…

Ante tal hecho constatado,  he respirado hondo, me he auto-recetado dos zumos de cebada bien fríos y acto seguido,  he hecho una generosa donación a “Contenedores sin Fronteras”, para dejar hueco en mi cajón en espera de la nueva remesa de intentos frustrados de elevar escote y ánimo.

Saludos,

Vitriólica Maggie

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